internet de las cosas en logística

No es nada nuevo que la tecnología avanza de forma vertiginosa. Hace unos años ni siquiera nos planteábamos que nuestros teléfonos móviles pudieran conectarse a internet y ser ordenadores en miniatura de los que ni siquiera nos planteamos separarnos. Hasta tal punto de que todo comienza a estar conectado. Y cuando decimos todo, es todo: televisores, frigoríficos… Cualquier cosa está a tiempo de entrar en la nueva potencial moda: el Internet de las Cosas.

Llamamos a Internet de las Cosas -o, en sus siglas en inglés IoT- a la capacidad de todo tipo de objetos para obtener información de su entorno y comunicarse entre sí. Desde hace años estamos oyendo de fondo la posibilidad de que nuestra nevera se conecte a internet y haga la compra por nosotros. Y parece que precisamente ahora es cuando todo esto está a punto de eclosionar. De hecho, un estudio de Ericsson apunta a que en 2021 habrá 28.000 millones de dispositivos conectados en todo el mundo, de los cuales, nada menos que 16.000 pertenecerán al Internet de las Cosas.

Y precisamente la logística será uno de los principales actores afectados. Acostumbrado a detectar y liderar tendencias, es más que probable que el Internet de las Cosas eventualmente termine cambiando radicalmente el funcionamiento de este sector, sobre todo a la hora de acceder a la información y recopilarla.

Muchos expertos del mundo de la logística sostienen este avance como uno de los mayores beneficios que le pueden ocurrir al sector. La conexión inteligente de personas, procesos y datos a través de dispositivos electrónicos y sensores puede facilitar enormemente la automatización del proceso de fabricación y mejorar la visibilidad de los productos a lo largo de toda la cadena de suministro.

Esta visibilidad es precisamente una de las grandes preocupaciones que los profesionales del sector logístico sufren hoy por hoy. El camino que hace un producto desde el lugar en el que se fabrica a un centro de distribución, luego a un mayorista, después al minorista y, de este, al cliente, es un proceso complejo en el que seguirle la pista al producto se convierte en misión imposible y que el Internet de las Cosas podría ayudar a solucionar.

Esta innovación podría incluso aliviar uno de los mayores problemas de la logística hoy por hoy: la última milla. Este factor, que con el avance de la sociedad se convierte en un inconveniente cada vez mayor, supone hasta un 30% del total del coste de un envío. De hecho, uno de los principales valores que tiene el Internet de las Cosas para la logística son las conexiones y relaciones en tiempo real, lo que podría solucionar en gran medida este problema detectando, por ejemplo, los distintos productos que ha adquirido un mismo comprador para efectuar entregas de una forma más eficiente.